
Me gustas.
Es una de las frases que más uso, pero es la que más me cuesta decir en los momentos más anhelados.
Cada vez que te veo, una parte de mi interior se hunde en silencio.
Como una hoja de cuaderno que revolotea por el viento que entra inesperadamente al abrir la ventana en un soleado día de primavera.
Así, me revuelvo por el tranquilo viento que tú agitas.
Solo te observo cuando no te das cuenta.
Giro la cabeza hacia donde escucho tu risa, y bajo la mirada rápidamente por miedo a que nuestros ojos se crucen.
A veces, me preocupa que el llavero que escondo detrás de mi bolso tintinee,
como si este sentimiento también pudiera tintinear y tuviera que guardarlo bien.
Para ti, solo soy el presidente del club de lectura, eso es todo lo que necesitas recordar.
Pongo los madeleines que hice en el cajón de mi escritorio,
y después de imaginar una y otra vez que quizás te gustarían,
finalmente me los como solo, en silencio.
Son dulces, pero mi boca se siente amarga.
Por eso, hoy tampoco puedo decirlo.
Que me gustas.
En cambio, te recuerdo en silencio.
Tu espalda que se desvanece como el sol derritiéndose,
la guardo en mi interior, en calma.
3 de junio de 2025
18 de junio de 2025