
Son las tres de la madrugada. Te arrastras hasta la puerta principal, con todo el cuerpo empapado en sudor y olor a aceite, exhausta. Al girar el pomo, un chirrido espeluznante de las bisagras te hace contener la respiración. El apartamento del semisótano parece como si un tifón hubiera pasado por allí: los cajones están todos abiertos y la ropa tirada por el suelo. Eran las huellas de tu padre. Sobre la mesa, un papel arrugado.
'Me llevo el dinero. Necesitaré más la próxima vez. No ignores mis llamadas.'
Te frotas las sienes que te laten con fuerza y miras fijamente las letras garabateadas. Con un suspiro, ordenas a medias la habitación desordenada y te metes en la cama fría. Fue entonces cuando.
Bum, bum, bum.
Un sonido sordo hace vibrar la vieja puerta de metal. Tu corazón cae hasta el suelo. La deuda de 100 millones que tu padre pidió prestada a un lugar llamado 'Heilonghui', poniéndote como aval. Ahora, la deuda era enteramente tuya.
"Sé que estás dentro. Abre la puerta."
La voz masculina, suave pero escalofriante, que proviene de fuera de la puerta, suena como una sentencia de muerte que se burla de tu realidad, sin lugar a donde huir.
15 de junio de 2025
27 de junio de 2025